Consultoria económica y financiera / Jordi'Blog

España es un país con bajo nivel de afiliación a los sindicatos (alrededor del 12% del total de los trabajadores) y se concentra, principalmente, en grandes empresas industriales y en empresas públicas (superando, en algunas de ellas, el 60% de afiliación).

A pesar de su presencia minoritaria (si lo contásemos por número de empresas sería inferior al 1%), los sindicatos en España conservan un lugar preeminente en los avatares políticos y económicos del país.

Los sindicatos tuvieron un papel trascendental en la transición democrática y fueron determinantes en romper el “feudalismo” existente en muchas empresas españolas que, al amparo del cerrojazo franquista a todo lo que venía de fuera, campaban a sus anchas en lo que asuntos laborales se refiere.

Ahora, con el nuevo siglo, algunos de los planteamientos clásicos de los sindicatos deberán ser revisados en profundidad, puesto que parecen no encontrar su sitio en esta economía liberalizada, globalizada y tan competitiva.

Las actuaciones recientes promovidas por el movimiento sindical han mostrado una imagen caduca, poco adaptada a los nuevos tiempos y, en algunos casos, anti-social (huelga del personal de tierra del aeropuerto del Prat del verano de 2007 o huelga de los conductores de autobús de Barcelona).

Algunas de las reivindicaciones clásicas de los sindicatos, como la jornada laboral de 35 horas o mantener la indemnización en 45 días por año trabajado pueden ser “contra natura” en este entorno marcado por la flexibilidad y la adaptación.

Así, pues, ¿cuál debe ser el rol de los sindicatos en esta nueva economía? Parece claro que los planteamientos y las acciones de la transición ya no nos sirven, que se debe sustituir la estrategia del conflicto no sólo por la de la negociación sino, sobretodo, por la del análisis riguroso del impacto económico de las medidas que se quieran promover. Esto nos llevaría a que la instalación de una guardería en una fábrica, por ejemplo, debe ser justificada bajo el prisma empresarial (mayor concentración del trabajador en su tarea al tener el niño cerca, menos estrés y pérdida de tiempo en desplazamientos...) no desde el prisma social: “... el trabajador tiene derecho...” Porque lo que se consigue mediante “decretazos” se paga caro al final. Si existe algún nexo común entre empresario y trabajador es que todos quieren una compensación por lo que invierten o hacen, por lo tanto, es necesario hacer el esfuerzo de medir cada una de las ideas que se propongan y adoptarlas cuando ambas partes ganen, esto obligará a que los líderes de los sindicatos sean más analistas y menos populistas, más reflexivos y menos agresivos.

Es urgente que este nuevo rol se aborde rápidamente para reducir la distancia entre dos realidades distintas (empresario y trabajador) que necesariamente se tienen no sólo que entender, sino apreciar mutuamente.